lunes, 22 de agosto de 2011

"MI ABUELA TIENE DEMENCIA SENIL"



Hay cosas que no entiendo ni entenderé jamás. Hoy he estado con mi abuela de 87 años y he pensado que la vida es injusta muchas veces cuando envejecemos.
Mi madre siempre me ha dicho que las personas nacemos, luego crecemos y nos hacemos adultos y que llega un punto en que empiezas a envejecer y es en ese preciso instante cuando la cuesta vuelve hacia abajo y empiezas a hacerte pequeñito de nuevo, y no sólo psíquicamente sino que físicamente también empiezas a encorvar y  menguar paulatinamente.


Llegó un día en que mi querida abuela empezó a perder la cabeza, a olvidarse de quien eran los que la rodeaban y a olvidar y borrar de su mente ciertas realidades de su vida cotidiana, fue en ese preciso instante cuando empezó a necesitar asistencia profesional las 24 horas del día y cuando fue ingresada en un hospital. A partir de ese momento empezó su declive, pero no por estar interna, sino porque su cabeza empezó a hacerle malas pasadas. No me tocó vivirlo de cerca, 700 kilómetros nos separaban cuando esto ocurrió, pero si pude seguir su día a día contado por las personas que la rodean y visitan asiduamente. Me contaron que cada día que la visitaban era una sorpresa para ellos, porque tenían que ver como la madre que les había parido y en su día criado, alimentado y educado, se convertía en una niña pequeña con el cuerpo de una viejecita. Y no sólo eso era lo que tenían que aceptar y asimilar, también tuvieron que acostumbrarse a que según el día que tuviera la anciana madre, no recordara el nombre de sus visitas. No quiero llegar a imaginar como debe ser para un hijo que tu madre no te reconozca y no se acuerde de todas las cosas que habéis vivido juntos a lo largo de una vida. Que horror, que duro, menudas pruebas te pone la vida.
Pasaron los meses y los años y mi abuela día tras día envejeció cada vez mas, y todos sus familiares tuvimos que ver como poco a poco se hacía más débil, y como se comportaba como una vela que poco a poco se va consumiendo sin vuelta atrás.




Hoy aprovechando que estoy en Cataluña he ido a visitarla, y cuando he entrado en la habitación donde estaba rodeada de varios viejos más, cada cual mas mal y dando un espectáculo triste y desolador. Entre todo este panorama estaba ella, con la mirada perdida, y al ver a su hija acercarse, reaccionó con cara de sorpresa y a la vez confusión, como preguntándose quien era esa señora que se acercaba hacia ella. Yo tuve más suerte que mi madre, pues al verme dio un brinco de la silla donde estaba atada para no caerse por los mareos que le provoca el parkinson, y ha dicho muy alegre y contenta: "Tu eres Enric...".
Tengo que reconocer que me ha hecho mucha ilusión que me reconociera, por un momento me he sentido muy especial, pero no puedo evitar entristecer mucho al pensar en ella. Como puede ser que alguien que ha sufrido y luchado tanto en su vida ahora esté en un hospital esperando la muerte. Sí, suena muy duro, pero esa es la sensación que tienes cuando la ves allí. Muy limpita y bien cuidada, pero esos cuidados no pueden evitar que su cuerpo cada vez esté más desgastado y viejo. Un cuerpo que adelgaza por momentos y que cada vez es mas huesudo y frágil. Y cuando veo esto, me alegro de que en muchos momentos pierda la cabeza y no sea consciente de lo que le está pasando. Porque aunque dicen que es ley de vida, no me parece justo esta parte de la vida del ser humano. No creo que sea necesario vivir toda una vida y acabar dejando un recuerdo tan triste y pesimista.
Personalmente prefiero recordar a esa abuela llena de vida y frescura que tantos momentos dulces me ha hecho pasar, aunque eso no evitará que mi abuela esté en estos momentos viva físicamente, pero con la cabeza en otro lugar.